Austria Galindo: entre la cultura, la política y el poder de ser auténtica

El arte en la prosperidad es un adorno y en la adversidad es un refugio

Por Ana Lilia Moreno


La frase, que Austria Galindo cita con frecuencia, resume buena parte de su filosofía de vida: la idea de que la sensibilidad no está reñida con la fuerza, ni la política con el arte. En su voz, estas dos dimensiones se entrelazan con naturalidad, como si el escenario y la tribuna fueran parte del mismo guion.

Subsecretaria de Desarrollo Humano y Bien Común y licenciada en Administración con especialidad en Logística y Negocios Internacionales, Austria ha construido una carrera atípica: una mujer que proviene del teatro, se formó en la gestión cultural y encontró en la política un vehículo para servir y transformar.

Desde los nueve años pisó los escenarios. A los dieciséis protagonizó una obra que formó parte del Festival Internacional Cervantino y de la Muestra Nacional de Teatro, experiencias que marcaron su visión del arte como herramienta social. Con esa misma convicción fundó la asociación civil 1939 Teatro Norte, un proyecto que fusiona cultura, juventud y compromiso comunitario.


“Ahí entendí cómo el arte cambia a las personas. Veías a los jóvenes llegar dispersos y poco a poco asumían responsabilidad, disciplina y propósito”, recuerda.

Su activismo la llevó a gestionar programas enfocados en la prevención del suicidio y del embarazo adolescente, y más tarde a ocupar la Subsecretaría de Cultura del Gobierno del Estado de Chihuahua. Hoy, desde el Cabildo juarense, forma parte de las comisiones de Hacienda, Educación y Cultura, Servicios Públicos y Patrimonio Cultural, convencida de que la cultura también se construye con decisiones administrativas.

Una política con raíces y conciencia

Austria suele decir que “nació en el seno de la democracia”. No es una metáfora. Llegó al mundo el 25 de noviembre de 1986, día en que Ciudad Juárez fue escenario de marchas y protestas políticas.
“Heredé la vocación. Mis padres participaban en las asambleas y mi tercera palabra fue PAN, comenta entre risas.

A los quince años se integró formalmente al Partido Acción Nacional. Su padre —dramaturgo y escritor— le advirtió que la política sería difícil, “pero para una mujer, diez veces más”. Pese a ello, Austria lo tuvo claro desde entonces: “A esto me quiero dedicar”.

Su discurso no es el de la confrontación, sino el de la reflexión. “No me considero feminista radical. Creo que el feminismo es libertad: decidir ser o no madre, trabajar o no hacerlo, expresarte como quieras. Lo que me incomoda es cuando la causa se convierte en dogma”, dice. Es decir, le preocupa cuando una lucha legítima —como el feminismo o cualquier movimiento social— se vuelve inflexible, cerrada al diálogo o radical.

El rostro humano del servicio público

Durante la conversación con Black Magazine, su tono cambia al hablar de la desigualdad y la empatía.
“No se vale lucrar con el dolor”, menciona con firmeza. “Cuando una persona llega a pedirme ayuda, le digo que tiene todo el derecho de hacerlo, pero que también debe hacerlo con dignidad. Se trata de autoestima, de quererse. La pobreza no está peleada con la limpieza ni con el respeto propio”.

Austria ha aprendido que la honestidad no siempre es rentable, pero sí esencial.
“Creo que la honestidad tiene una consecuencia. La política te pone frente a dilemas morales todo el tiempo, pero lo importante es poder dormir en paz”, comparte.

El equilibrio entre forma y fondo

Formada en Imagen Pública por el Colegio de los Gordoa, entiende que la política no se trata solo de discursos.
“La forma también es fondo. No se trata de la belleza, que es efímera, sino de comunicar con coherencia. En política, hablar de uno mismo con autenticidad es difícil y es el verdadero reto, realmente ser transparente”.

Su carrera ha sido un proceso de aprendizaje continuo. “Mi mayor temor es equivocarme, pero mi mayor acierto ha sido aprender el arte de la paciencia. He visto carreras meteóricas caer por falta de tiempo y experiencia. Todo llega cuando debe llegar y mientras tanto me preparo para ser mejor cada día”.

Juárez: identidad y compromiso

Cuando se le pregunta por su ciudad favorita, no duda: Juárez.
“Es el pedazo del planeta que nos toca”, responde. “A Juárez le sobra indiferencia, pero también tiene una fuerza única, una mezcla de culturas que la hace irrepetible”.

Convencida de que el arte y la política comparten una misma esencia —la búsqueda del bien común—, Austria Galindo sigue caminando entre ambos mundos con la certeza de que la cultura es la vía más humana de ejercer el poder.

“Si logro tocar una sola alma, para mí es suficiente”, dice.
Y esa quizá sea la frase que mejor define su forma de entender la política: no como poder, sino como propósito.

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