“La ocupación desplaza a la preocupación. Los problemas deben hacernos más fuertes, de los fracasos aprender y hacer de los éxitos estímulos callados.”
Carlos Slim Helú, empresario e inversor mexicano nacido en la Ciudad de México el 28 de enero de 1940, es uno de los multimillonarios más relevantes de todos los tiempos. Forma parte de las figuras históricas que impulsaron al país luego de los estragos de la Segunda Guerra Mundial y la crisis económica de los años 80.
Actualmente ocupa el lugar 14 en la lista de los hombres más ricos del mundo y es el número uno en México y América Latina. Es dueño de más de 100 empresas y negocios, entre los que destacan Telmex, Grupo Sanborns, Grupo Financiero Inbursa, Telcel y la Inmobiliaria Carso (cuyo nombre se deriva de las primeras sílabas de los nombres de Carlos Slim y su esposa Soumaya Domit).
Con tan solo 7 años de edad ya mostraba un interés por los negocios y las inversiones, influido en gran medida por su padre, Julián Slim Haddad, un extranjero de origen libanés que emigró al país en 1902 para evitar ser reclutado por el Ejército Otomano. Julián llegó a México a los 14 años de edad y sin dinero; fueron su determinación y disciplina las que le permitieron amasar una fortuna que legó a sus hijos. Sin embargo, más allá del dinero, Julián les heredó un capital mucho más importante: su conocimiento e inteligencia financiera.
Esto se vio reflejado en la educación del pequeño Carlos, quien aprovechó todo lo posible las enseñanzas de su padre para iniciarse en las ventas, con un gran talento para los números, además del aprendizaje que obtuvo acerca de la dinámica de los bancos y la administración del dinero. En ese entonces Julián tenía alrededor del 1% de las acciones del Banco Nacional de México, lo que influyó en gran medida para que Carlos se iniciase en las inversiones a los 12 años.
La muerte de su padre fue un golpe muy duro para Carlos, sin embargo, esto no le impidió tomarlo como una gran inspiración para el resto de su vida. Con una enorme fortuna como herencia, Carlos continuó sus estudios con una meta muy clara: convertirse en un gran hombre de negocios.
Su brillante paso por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), como estudiante y como profesor, en la carrera de Ingeniería Civil, fue relevante en su posterior toma de decisiones. Tras su paso por la Universidad, se asocia con amigos cercanos para comenzar como inversionista en la bolsa de valores.
La vida de Carlos Slim fue profundamente influenciada por su esposa y confidente Soumaya, quien siempre estuvo cerca para aconsejarlo en todos sus negocios y proyectos. Como parte de la tradición familiar, cuando la pareja contrajo matrimonio recibió como regalo un millón de pesos para iniciar con su nueva vida. La tradición dictaba que el dinero estaría destinado para construir una vivienda, sin embargo, Slim tenía una visión mucho más amplia: decidió usar el capital para la construcción de un edificio; los recién casados vivían en la primera planta y el resto de los apartamentos fueron vendidos para la posterior fundación de la Inmobiliaria Carso.

Una de las grandes virtudes de Carlos Slim ha sido su capacidad de levantar empresas que estaban cerca de la quiebra. La primera que llegó a sus manos fue Jarritos del Sur, que más adelante, junto con su inmobiliaria y su inversora, formarían la base de Grupo Carso. A partir de entonces empieza a cosechar los grandes éxitos que lo llevarían a convertirse en el gigante de negocios que conocemos hoy en día.

A principios de los años 80, México entró en una de las peores crisis económicas de su historia, lo que causó que muchos empresarios buscaran alternativas en otros países. Contrario a lo que estaba haciendo la mayoría, Slim decidió quedarse y asumir el riesgo, pues veía oportunidades de inversión donde todos veían incertidumbre económica. Sin duda, se trata de una de las decisiones más importantes de su vida, y resultó acertada.
“Mantener la austeridad en tiempos de vacas gordas. Esto fortalece, capitaliza y acelera el desarrollo de la empresa. Asimismo, evita los amargos ajustes dramáticos en las épocas de crisis.”
Aunque las compañías de la bolsa de valores mexicana en las que tenía acciones se cotizaban a menos del 5% de su valor, no desistió y se mantuvo firme en su intento por superar la adversidad, inspirado en la lucha de su padre, quien decidió permanecer en el país durante la Revolución Mexicana porque creía en México. Esto lo llevó a una intensa etapa de inversiones y riesgos en importantes empresas como Bancomer ¾a través de activos no bancarios con paquetes de inversiones y aseguradoras¾, Sanborns, Cigatam (cigarrera a cargo de la marca Delicados) y Teléfonos de México (Telmex).
De esta última se puede destacar que se encontraba en grandes problemas cuando Slim la adquirió, pues tenía muy mala fama entre los mexicanos, dado que operaba con tecnología obsoleta. La llegada del empresario a la compañía no solo significó un aumento significativo de sus ventas, sino que revolucionó las telecomunicaciones en el país con ideas innovadoras a través de un modelo de negocios que permitió al mexicano promedio poder adquirir un teléfono celular y hacer llamadas en todos los rincones del país con el sistema de prepago: este paso dio lugar a la fundación de Telcel. Uno de sus mayores retos fue convencer a los inversionistas extranjeros, SBC y France Telecom, de invertir en México en un momento crítico de su economía, pero la persistencia y el poder de convencimiento del ingeniero le ayudaron a conseguir su propósito. Esta empresa resultó ser de sus pilares más sólidos, un punto de inflexión en su trayectoria, por el que es principalmente conocido hoy en día.
El legado de Carlos Slim es monumental. Más allá de su considerable fortuna y su impacto en la economía nacional, las decisiones estratégicas y los negocios que emprendió transformaron la vida de millones de mexicanos. Su visión y acciones no solo cambiaron el panorama empresarial del país, sino que también dejaron una huella indeleble en la historia de México.
















