De animales a dioses: Breve historia de la humanidad

“El relato del origen de la materia, la energía, el tiempo y el espacio se llama física. El relato de los átomos, las moléculas y sus interacciones se llama química. El relato de los organismos se llama biología. El desarrollo de las culturas humanas se llama historia”.

Los orígenes y la evolución del ser humano son enigmáticos. Aún hoy en día quedan muchas preguntas sin responder a pesar del avance de la tecnología y los grandes descubrimientos arqueológicos. La aparición de los primeros animales muy parecidos a los humanos modernos data de hace unos 2.5 millones de años. Sin embargo, durante largos periodos, estos no destacaron entre otras especies. Este hecho peculiar abre una pregunta que Yuval Noah Harari intenta responder en Sapiens: De animales a dioses: ¿cuál fue la chispa que inició el incendio de la humanidad? ¿Qué es lo que tiene de especial el ser humano que logró posicionarse en la cima de la cadena alimenticia?

Según el autor, hubo tres revoluciones importantes que determinaron el curso de la Historia: la revolución cognitiva, hace unos 70,000 años; la revolución agrícola, hace 12,000 años; y la revolución científica, hace solamente unos 500 años. Pero antes de eso, el ser humano era un animal más, guiado únicamente por sus instintos primarios de supervivencia.

La revolución cognitiva: Todos los seres vivos tienen sistemas de comunicación que les permiten compartir información valiosa en términos de supervivencia, como alertar sobre posibles amenazas o avisar sobre el hallazgo de alimentos. Sin embargo, el lenguaje humano destaca por su flexibilidad y su manera de combinar múltiples sonidos para crear un número infinito de frases. Por otro lado, el autor señala la importancia de lo que llama el “chismorreo”, pues el humano es ante todo un animal social. Esta teoría se basa en la idea de que tener información acerca de en quién se puede confiar y en quién no, logró una mayor cooperación entre los sapiens. Pero la característica más importante del lenguaje humano ¾y muy posiblemente la mayor razón de su éxito¾ es su capacidad de crear ficciones, es decir, de hablar de cosas que no existen en la realidad concreta. Esto permitió una cooperación a gran escala y dio paso a la creación de civilizaciones y culturas impulsadas por mitos como el Estado, la religión, el dinero, los derechos civiles, entre otros.

Uno de los ejemplos más destacados de ficciones que tuvieron un gran impacto en el destino de la humanidad es el dinero, que vino a reemplazar al trueque y funciona únicamente porque la gente cree en su valor. Así, las personas tenían un sistema de referencia más claro para el intercambio y pudieron establecer estructuras económicas más complejas.

La revolución agrícola: Yuval Noah se refiere a la revolución agrícola como el fraude más grande de la historia, ya que su implementación no mejoró la vida de los seres humanos, sino al contrario. Como cazadores-recolectores, los sapiens tenían acceso a una dieta variada, conocían ampliamente los secretos de la naturaleza y tenían menos riesgo de padecer hambre y enfermedades. La agricultura amplió la cantidad de alimentos para la humanidad, pero esto no significó mayores beneficios para el agricultor medio, sino explosiones demográficas y élites consentidas. Sin embargo, el avance hacia una sociedad agrícola era inevitable debido a la trampa del lujo: el ser humano dejó su vida nómada y se estableció en un espacio delimitado donde comenzó a acumular posesiones con la esperanza de un mayor crecimiento. Este nuevo estilo de vida provocó una dependencia en la tierra y el trabajo duro. Según el autor: “los lujos tienden a convertirse en necesidades y a generar nuevas obligaciones”.

La revolución científica: Antes de la revolución científica, la humanidad creía que todo lo que ocurría estaba fuera de su control. Tomar las riendas de su destino significó un gran paso para el progreso. Este salto ha acelerado el avance del conocimiento y la tecnología a tal grado que en tan solo 500 años ha habido un crecimiento vertiginoso y sin precedentes del poder humano. La población se ha multiplicado por 14, la producción de bienes y servicios por 240 y el consumo de energía por 115. De acuerdo con Harari, la ciencia trajo consigo tres importantes características:

  1. La disposición a admitir la ignorancia. Este precepto da por sentado que no lo sabemos todo y que incluso aquellas cosas que creemos saber pueden ser cuestionadas si se obtiene un mayor conocimiento.
  2. La centralidad de la observación y de las matemáticas. La ciencia moderna pretende obtener un mayor conocimiento a través de teorías generales que conjuntan la observación y herramientas matemáticas.
  3. La adquisición de nuevos poderes. Con el conocimiento adquirido se desarrollan nuevas tecnologías, muchas de ellas impulsadas por intereses ideológicos o políticos.

Yuval Noah Harari concluye su libro con una reflexión poco optimista acerca del destino de la humanidad. Es sorprendente la capacidad humana de transformarse de un animal que se ocupaba de sus asuntos en un rincón de África a ser el amo de todo el planeta Tierra. En el proceso, ha desarrollado habilidades para producir alimentos, construir ciudades, establecer imperios y crear redes comerciales; sin embargo, todo este progreso no ha sido suficiente para reducir el sufrimiento individual y por lo general causó una mayor desgracia para los demás animales. Ahora que tenemos este gran poder, ¿qué vamos a hacer con él? El ser humano no ha sabido estar satisfecho con lo que ha logrado y no tiene claridad en sus objetivos.

La revolución científica ha abierto nuevas posibilidades a partir de la ingeniería genética y la Inteligencia Artificial, algo que ha asemejado a los seres humanos con los dioses por su capacidad de crear y modificar la vida, más allá de los límites de la naturaleza.

El texto cierra con una pregunta que resulta muy inquietante: “¿Hay algo más peligroso que unos dioses insatisfechos e irresponsables que no saben lo que quieren?”. Esto nos lleva a reflexionar acerca de la necesidad de una comprensión mucho más profunda de nosotros mismos como especie.

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