De Buffalo al Super Bowl: cómo las alitas conquistaron al mundo

No hay victoria que no se celebre sin ellas. Ya sea bañadas en salsa búfalo, con miel y mostaza o acompañadas de una cerveza bien fría, las alitas se han convertido en un ícono universal de convivencia deportiva y sabor. Pero su historia va más allá del estadio o el bar: nacieron casi por accidente en una pequeña taberna de Buffalo, Nueva York, y hoy son parte de la cultura gastronómica global, especialmente en fechas tan esperadas como el Super Bowl, donde millones de porciones se sirven al ritmo de los touchdowns.

Origen y evolución

Las alitas de pollo fritas tienen raíces profundas en la cocina tradicional sureña de Estados Unidos, pero la versión que conocemos hoy empezó a gestarse en la ciudad de Buffalo, Nueva York, durante la década de los 60.

La historia más conocida atribuye el origen de la receta al Anchor Bar de Buffalo, propiedad de Frank y Teressa Bellissimo. Según esta versión, el platillo nació una noche de 1964, cuando Dominic, hijo de Teressa, llegó al Anchor Bar junto con varios amigos y pidieron algo como botana para cenar. Teressa decidió freír unas alas de pollo —la parte menos valorada del ave, que se había surtido por error al restaurante— y bañarlas en una mezcla de salsa picante y mantequilla. Ese plato espontáneo no solo complació a sus invitados sino que resultó un éxito entre otros clientes del bar, y así pasó a formar parte del menú.

Otra versión ubica al restaurantero John Young como pionero en la venta de alitas en Buffalo. Young, quien se trasladó al área, procedente de Alabama, desde principios de los 60 ya vendía alitas empanizadas y fritas, cubiertas con una salsa propia llamada “Mambo”, hecha a base de tomate y condimentos. Young dejó la ciudad por un periodo y a su regreso descubrió que las alitas ya eran muy populares en la zona, aunque no bajo su versión original.

Aunque su origen sigue siendo motivo de debate y probablemente no exista una versión definitiva, lo cierto es que la familia Bellissimo desempeñó un papel clave en la popularización del platillo. Dominic Bellissimo colaboró con Dick Winger, un vendedor de salsa picante que abastecía al Anchor Bar, para promover las alitas de puerta en puerta, utilizando la salsa como principal argumento de venta. Gracias a esa estrategia, la receta trascendió las fronteras de Buffalo.

Durante las siguientes décadas, las alitas se popularizaron en restaurantes y bares, sin embargo, fue hasta los años ochenta y noventa cuando el fenómeno se masificó. Cadenas como KFC introdujeron versiones tipo ala frita (aunque no siempre auténticas al estilo Buffalo), y en 1990 McDonald’s lanzó las famosas Mighty Wings en algunos de sus restaurantes. También, en 1994, Domino’s incorporó alitas a su menú, seguido por Pizza Hut al año siguiente.

Así, un platillo nacido en una barra local se transformó en una referencia culinaria nacional, gracias a su sencillez, su carácter informal y el impulso promocional de quienes estaban detrás de la receta.

Las alitas: símbolo deportivo

La relación entre las alitas de pollo y el deporte, especialmente el fútbol americano, no es casual: surgió de una confluencia entre cambios en hábitos de consumo, la oferta restaurantera y la expansión de la transmisión televisiva de deportes.

Durante las décadas de los sesenta y setenta, cocinar el ave completa era lo habitual. Sin embargo, en los ochenta, el público comenzó a preferir pechugas sin hueso, y las alas quedaron como el subproducto más económico de la industria avícola. Restaurantes y bares se dieron cuenta de que podían ofrecerlas a un costo reducido, y que gracias a su sabor, salado y picante, la venta de cerveza aumentaba cuando los comensales las consumían.

Paralelamente, los locales deportivos y bares con múltiples pantallas de televisión se volvieron más comunes en Estados Unidos. Estos espacios vieron en las alitas una “comida de grupo” ideal: fácil de compartir, relativamente barata y perfecta para comer mientras se sigue un partido. Todo esto cimentó la llamada “alianza” entre el balón de fútbol americano y las alitas de pollo.

Desde entonces, las alitas se volvieron un imprescindible en reuniones deportivas. Su protagonismo se evidencia en las cifras: según el Consejo Nacional del Pollo, tan solo en Estados Unidos se estima el consumo de 1.47 mil millones de alitas  durante la transmisión del Super Bowl LIX. Así, en noches de fútbol americano, los bares y los hogares se llenan de bandejas humeantes y murmullos de emoción por el marcador.

Cada cultura hace suyo el platillo

Una de las claves del éxito global de las alitas es su versatilidad: cada región ha adaptado la base a sus propios sabores, generando versiones locales que combinan lo familiar con ingredientes autóctonos. Algunas variantes destacadas son:

Salsa Cajún: originaria de la cocina criolla de Luisiana, usa especias como pimentón, pimienta de cayena, tomillo, ajo y orégano. Da un picor seco y aromático, sin predominar la mantequilla como en la salsa búfalo clásica.

Habanero o salsas caribeñas: en zonas donde el chile habanero es común (como en México o el Caribe), las alitas pueden bañarse en mezclas que integran habanero fresco, cítricos y miel. Esta versión es notablemente más picante e incisiva.

Korean BBQ: influida por la cocina asiática, esta variante combina salsa gochujang (pasta picante de chile coreano) con soja, azúcar, jengibre y ajos. Produce un perfil agridulce que ha ganado popularidad en muchos países.

Limón‑parmesano (lemon parmesan / lemon pepper)*: típica de Estados Unidos pero también imitada en otros lugares, se basa en mantequilla, limón, pimienta negra y queso parmesano rallado. Es una opción sin picante pero con carácter.

Otras versiones populares son: Barbacoa (BBQ), teriyaki, miel-mostaza, pimienta-limón, sriracha‑miel, entre muchas más, dependiendo de la creatividad local.

En Ciudad Juárez, la cultura de las alitas y el deporte tiene nombre propio. Pockets, inaugurado en 2003, marcó un antes y un después al transformar el concepto tradicional de los billares en espacios de convivencia moderna, donde amigos y familias disfrutan de eventos deportivos, buena comida y un ambiente inigualable. Con el tiempo, se ha consolidado como uno de los lugares más icónicos de la ciudad para ver partidos y disfrutar de sus alitas crujientes, jugosas y con una variedad de sabores que ya forman parte de la identidad juarense.

De esa misma visión nació Wild Rooster, una propuesta más reciente del mismo corporativo, que continúa la tradición con un estilo fresco y contemporáneo, reafirmando que en Juárez las alitas no solo se comen: se viven, se celebran y se comparten.

Las alitas de pollo alcanzaron una popularidad global no solo por ser económicas y fáciles de preparar, sino por su gran capacidad de reunir a las personas. Son perfectas para compartir, para acompañar celebraciones y para adaptarse a infinitas interpretaciones de sabor.

¿Tú cómo prefieres comerlas… y en dónde?

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