Dopamina: La molécula del deseo

Daniel Z. Lieberman y Michael E. Long

Son las 5:00 de la mañana de un lunes tras un largo fin de semana de fiesta. Suena el despertador y lo único que pasa por tu mente es “¡5 minutos más!”. Sin embargo, decides levantarte de la cama, no hacerlo significaría arriesgarte a quedarte dormid@ y no puedes permitirte llegar tarde al trabajo o faltar, pues justamente hoy está agendada una reunión con unos clientes muy importantes. A pesar del sueño, tomas un baño, te preparas un café y emprendes tu camino hacia una posibilidad que podría cambiarte la vida. 

¿Por qué sacrificas tu confort inmediato (quedarte en casa y dormir más horas) por un bien mayor (ir a tu trabajo y hablar con esos clientes)? La respuesta está en tu cerebro, en una fórmula simple que produce resultados complejos: carbono, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno, los componentes necesarios para formar la molécula capaz de explicar el comportamiento humano: dopamina.

La dopamina desempeña un papel muy importante en muchos aspectos de nuestra vida, desde la forma en que vestimos, nuestros hábitos, nuestras relaciones, por quién votamos, nuestras acciones impulsivas o el freno ante lo que más deseamos. 

Con una sólida base científica, Daniel Z. Lieberman y Michael E. Long realizan una revisión exhaustiva de la que por mucho tiempo fue considerada la molécula del placer, aunque hoy en día se sabe que más bien es del deseo, en su libro publicado en 2021: Dopamina.

En el texto se incluyen ejemplos de la vida cotidiana, estudios y experimentos científicos que muestran la manera en que la molécula influye en la toma de decisiones, lo que llevó al ser humano a adaptarse a nuevos entornos y evolucionar, a partir de sus instintos primarios: la reproducción y la búsqueda de alimento.

Los autores distinguen entre arriba y abajo –el espacio extra­personal y peripersonal, respectivamente–, lo que está lejos y nos exige esfuerzo y planificación para conseguirlo, y aquello que está a nuestro alcance y tenemos seguro. 

Asimismo, en cada uno entran en juego distintas sustancias: la dopamina se produce con aquello que no tenemos y deseamos a través del sistema dopaminérgico, mientras que las sustancias del “aquí y el ahora” nos permiten apreciar y agradecer por lo que tenemos. Estas últimas son un grupo de neurotransmisores que nos causan placer, como la serotonina, la oxitocina, las endorfinas y los endocannabinoides.

Una de las características principales de la dopamina, señalan es la insatisfacción. Irónicamente, quienes persiguen obsesivamente aquello que desean, pocas veces obtienen placer, ya que esta molécula está diseñada para perseguir siempre algo mejor. Nunca hay una meta final, la directriz principal de la dopamina es “Más”. Esto explica por qué las grandes celebridades nunca se detienen, aunque hayan alcanzado un gran éxito y fortunas millona­rias. Y a pesar de todo, muchos de ellos afirman sentirse infelices e incluso pueden llegar a desarrollar trastornos mentales.

Esto no significa que la dopamina sea un error de la naturaleza. Está ahí para motivarnos a alcanzar nuestros objetivos, de lo contrario seríamos incapaces de levantarnos de la cama o darnos una ducha. Sin embargo, es importante comprender cómo funciona el circuito de recompensa.

Cuando deseamos algo, significa que está fuera de nuestro alcance. A la distancia, tendemos a idealizarlo y generamos expectativas. Una vez que lo conseguimos, pasa al plano de lo real, de lo conocido. Aunque al principio puede generarnos un pico de dopa­mina, cuando nos acostumbramos al estímulo y se vuelve parte de nuestra vida cotidia­na, deja de interesarnos. Por eso el amor puede parecer apasionante durante los primeros meses, pero pierde su brillo con el paso del tiempo. Entonces la pareja se enfrenta a una decisión crucial: permanecer en la búsqueda de dopamina con nuevas parejas o aceptar a la pareja tal como es, con sus virtudes y defectos, trasladarse al ámbito de los neurotransmisores de la satisfacción, lo que se conoce como amor de compañeros, de acuerdo con los autores. 

En el texto se menciona que, según Aristóteles, el fin último de nuestras acciones es la felicidad. Por eso trabajamos, para pagar nuestras deudas y permitirnos placeres como salir a cenar a un restaurante o ver nuestra serie favorita en Netflix. La dopamina nos hace creer que si conseguimos nuestro objeto de deseo seremos más felices. Esto es lo que los científicos llaman error de predicción. Cuando compramos el videojuego que queremos o un automóvil nuevo, obtendremos una recompensa que será mayor o menor a nuestras expectativas. Ese misterio que hay detrás de nuestros deseos es lo que nos lleva a hacernos adictos. Y cuando el efecto de la dopamina desaparece, buscaremos algo más, pues nunca será suficiente. Sin embargo, nuestro cerebro tiene sistemas de control de dopamina que nos ayudan a pensar en beneficios a largo plazo, como desarrollarnos profesionalmente, tener un matrimonio duradero o pagar una casa. La clave está en evitar la sobre estimulación.

La naturaleza es sabia, por eso tenemos sistemas que se complementan para lograr un equilibrio entre la búsqueda de lo que deseamos y el agradecimiento de lo que tenemos. 

Te invitamos a leer el libro de Lieberman y Long para conocer más sobre este interesante tema. 

Por Daniel Malaquías

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