La neurocirugía como camino hacia una mejor calidad de vida
Por: Ana Lilia Moreno Romero
En un campo donde cada milímetro cuenta, la neurocirugía ha dejado de ser únicamente una disciplina de alta complejidad para convertirse en una práctica donde la precisión, la tecnología y el criterio médico convergen con un objetivo claro: devolver calidad de vida.
El Dr. José Raúl García Zamarrón ha construido su trayectoria bajo esa premisa. Formado en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (2002 – 2009) y con especialidad en el Centro Médico Nacional La Raza de la Universidad Nacional Autónoma de México (2010 – 2016), su camino profesional ha estado marcado por una constante: salir al mundo para aprender y regresar con mejores herramientas para sus pacientes.


Su formación internacional incluye estancias en el Hospital Vall d’Hebron en Barcelona (2016) y el Hospital de Beneficencia Portuguesa en São Paulo (2017), además de un máster en cirugía de columna en España (2020 – 2021). Este recorrido no solo representa un logro académico, sino un diferenciador clave en su práctica clínica.
“La neurocirugía está cambiando todos los días”, menciona en entrevista. “Tener la oportunidad de aprender técnicas en distintos países impacta directamente en la recuperación, el dolor y los resultados de nuestros pacientes” .
De lo invasivo a lo preciso
A diferencia de generaciones anteriores, el Dr. García Zamarrón se formó directamente en técnicas de mínima invasión. Esto definió desde el inicio su manera de operar y entender la medicina.
“Tuve la fortuna de formarme en puras técnicas de mínima invasión”, explica. Esta evolución no es menor: implica cirugías más cortas, menor sangrado, menos daño a tejidos y una recuperación significativamente más rápida.
Pero más allá de la idea estética de “incisiones pequeñas”, el concepto es mucho más profundo. Como él mismo aclara: “La mínima invasión se basa en utilizar los corredores naturales del cuerpo para no lesionar tejidos, especialmente los músculos” .
Este enfoque ha demostrado reducir riesgos de complicación hasta niveles cercanos al 2%, transformando por completo la experiencia del paciente.
Tecnología que guía cada movimiento
Hoy, operar sin tecnología avanzada sería impensable en procedimientos de alta especialidad. En su práctica, el Dr. García Zamarrón integra herramientas que elevan la precisión quirúrgica a niveles casi milimétricos.
La neuronavegación, por ejemplo, funciona como un GPS en tiempo real dentro del quirófano.
“Estamos navegando directamente sobre el estudio del paciente, lo que nos permite retirar lesiones sin dañar estructuras críticas”, explica .
A esto se suma el sistema O-Arm y el monitoreo neurofisiológico intraoperatorio, tecnologías que permiten anticipar riesgos y proteger funciones neurológicas durante la cirugía.


Incluso, la inteligencia artificial comienza a jugar un papel clave en la planeación quirúrgica, generando mapas tridimensionales que ayudan a identificar las zonas que no deben tocarse. El resultado es una medicina donde la intuición del cirujano se complementa con datos, imágenes y predicción.
Una nueva forma de entender la columna
Uno de los cambios más relevantes en la neurocirugía moderna es la manera en que se abordan las patologías de columna. Durante décadas, la mayoría de las cirugías se realizaban por la parte posterior. Hoy, la tendencia ha cambiado radicalmente.
“Actualmente, la mayoría de los abordajes los hacemos por vía anterior, entrando por el abdomen”, explica. Esto permite evitar el daño a los músculos que sostienen la columna y colocar implantes más grandes, lo que se traduce en mayor estabilidad y mejores resultados.
Este cambio no solo es técnico, es estratégico: entender que el problema no siempre está donde duele, sino donde se origina.
Antes de cualquier intervención, el proceso comienza con un diagnóstico preciso. En entrevista, el doctor señala que la resonancia magnética se mantiene como el estudio clave tanto para cerebro como para columna, complementado en algunos casos con radiografías que permiten analizar el movimiento y la dinámica vertebral.
A partir de ahí, la estrategia quirúrgica se define con un enfoque claro: entender que, en la mayoría de los casos, el origen del problema está en el disco. Cuando este se deteriora, la decisión no es única, sino funcional: existen soluciones que buscan preservar el movimiento natural de la columna y otras que privilegian la estabilidad, fijando las vértebras para detener la degeneración y eliminar el dolor.
En ese contexto, la elección del abordaje cobra especial relevancia. Hoy, la tendencia apunta a técnicas que permiten colocar implantes de mayor tamaño —generalmente a través de vías anteriores o laterales—, ya que esto incrementa la estabilidad, reduce el riesgo de complicaciones y mejora los resultados a largo plazo. Cuando la planeación es correcta, incluso los materiales pueden integrarse de forma definitiva en el cuerpo, logrando una solución duradera que, lejos de limitar al paciente, le permite recuperar su movilidad y retomar su vida con normalidad.
El paciente en el centro
En su consulta, ubicada en el Hospital Ángeles Ciudad Juárez, consultorio 795, el Dr. García Zamarrón atiende principalmente casos de patología degenerativa de columna lumbar, que representan cerca del 80% de sus procedimientos. Con más de 200 cirugías al año, su experiencia se combina con un enfoque profundamente individualizado.
“Cada caso es distinto, y la clave está en elegir el abordaje correcto para cada paciente”
Sin embargo, más allá de la técnica, hay un aspecto que define su práctica: el criterio médico. Porque en neurocirugía, saber cuándo operar es tan importante como saber cómo hacerlo.
Los casos que dejan huella
No todas las historias terminan igual. Y en una especialidad como esta, hay casos que trascienden lo clínico. Al hablar de los más complejos, el doctor hace una pausa. Los niños con tumores cerebrales ocupan un lugar especial en su memoria.
“Sabemos que, aunque los operemos, algunos no se van a curar… y nos encariñamos con ellos en el proceso”, comparte. Bajo esa realidad, el doctor sostiene una convicción personal: ningún niño debería quedarse sin una oportunidad. Por ello, afirma que todo paciente pediátrico que requiere cirugía es atendido, independientemente de sus recursos.
Es en esos momentos donde la medicina deja de ser técnica y se vuelve profundamente humana.
Formar para trascender
A pesar de su trayectoria, su visión no está enfocada únicamente en seguir operando.
El siguiente paso es formar a quienes continuarán este camino.
“No quiero estar toda mi vida haciendo esto… quiero transmitir y motivar a nuevos médicos”, afirma. Su objetivo es claro: desarrollar programas de formación en Ciudad Juárez, donde actualmente no existen especialidades de este nivel.
Porque en su visión, el verdadero legado de un cirujano no está solo en sus pacientes, sino en los médicos que forma.
Al final, todo se resume en una idea sencilla pero poderosa. Cuando se le pregunta qué significa devolver calidad de vida, su respuesta es directa:
“Que el paciente pueda hacer lo que le gusta, sin dolor ni limitaciones”
En una disciplina donde el margen de error es mínimo, esa claridad es lo que define a quienes realmente marcan diferencia.
















