Dra. Estefanía Romo: mirada con propósito desde la oftalmología

Desde Arandas, Jalisco, hasta los quirófanos de alta especialidad de la Ciudad de México y ahora en Ciudad Juárez, la historia de la Dra. Estefanía Romo es la de una vocación que apareció temprano y se fue puliendo con disciplina, sensibilidad y una profunda comprensión del ser humano.

Hay recuerdos que se quedan grabados con nitidez. Para Estefanía, uno de ellos ocurrió cuando tenía entre seis y ocho años, en el Centro Médico de Occidente. Acababa de ser operada de las amígdalas y recuerda con claridad a la doctora que la atendió: su bata blanca, su trato cálido, la manera en que logró tranquilizarla y hacerle perder el miedo. “Ahí fue cuando pensé por primera vez: me gustaría ser doctora”, recuerda.

No fue un episodio aislado. Creció rodeada de médicos. Uno de sus hermanos, menor que ella, nació con síndrome de Down y padecimientos cardiacos que requirieron atención constante. Su familia viajaba con frecuencia a Guadalajara, incluso dos veces por semana, para consultas con distintos especialistas. Hospitales, salas de espera y tratamientos formaron parte de su cotidianidad desde muy pequeña. “Estuve siempre rodeada de médicos. Creo que ahí se fue sembrando y reafirmando ese deseo”, explica.

Hija de Silvia Gómez y Carlos Romo, y la mayor de tres hermanos, Estefanía entendió desde temprano que la medicina no solo es ciencia, sino acompañamiento. A los 17 años ingresó a la Facultad de Medicina de la Universidad de Guadalajara, siendo una de las estudiantes más jóvenes de su generación. “No hubo mucho tiempo de dudar. Lo que seguía era la universidad y yo sabía que quería medicina”, dijo en entrevista para Black Magazine. Sabía que sería una carrera exigente, con desvelos y sacrificios, pero decidió mudarse a Guadalajara para aprovechar las oportunidades que podían presentarse, dejando su casa y su zona de confort.

Su formación continuó en uno de los centros médicos más importantes del país: el Centro Médico Nacional Siglo XXI, donde realizó la especialidad en Oftalmología. Más tarde, cursó una subespecialidad en cirugía de catarata en el Instituto Nacional de Rehabilitación. Haber pasado por hospitales de alta especialidad marcó profundamente su visión de la medicina. “Te da muchísima práctica, pero también te enseña algo fundamental: el paciente no es solo una enfermedad. Llega cargado con emociones, con miedos, con una historia”, afirma.

Durante la especialidad, hubo una cirugía que terminó de definir su camino. La catarata siempre le había llamado la atención, pero fue en la subespecialidad cuando vivió un momento que no olvida. En su primera cirugía completa —ya no solo pasos supervisados— el paciente recuperó la visión. “El paciente brincó de la emoción. Ver eso es algo que no voy a olvidar jamás”, cuenta. La catarata es la principal causa de ceguera reversible en el mundo y afecta a más del 50 % de las personas mayores de 65 años. No existe tratamiento farmacológico: la única solución es la cirugía, una de las más realizadas a nivel mundial y con tasas de éxito superiores al 95 %. Para la Dra. Romo, cada procedimiento representa la posibilidad de devolver independencia, seguridad y calidad de vida.

Su llegada a Ciudad Juárez marcó una nueva etapa, tanto personal como profesional. Durante la especialidad conoció a su esposo, también médico. Al terminar, ya estaban casados y tenían un hijo pequeño. Las ofertas laborales los llevaron al norte del país. Conciliar la maternidad con la formación médica no fue sencillo, pero encontró apoyo mutuo. “Cuando yo tenía guardia, él se quedaba con el niño; cuando él tenía guardia, yo me quedaba. La vida fue acomodando las vías para que los dos pudiéramos terminar”, mencionó.

Ya instalada en Ciudad Juárez, algo llamó poderosamente su atención: la alta incidencia de ojo seco. “En la Ciudad de México no veía tantos casos. Aquí, de 15 consultas al día, hasta el 80 % podían ser ojo seco”, explicó. El clima desértico, el uso constante de pantallas, factores hormonales y hábitos estéticos como el uso excesivo de pestañas postizas o ciertos tratamientos de belleza influyen en su aparición, especialmente en mujeres. Además, es una condición que puede agravarse después de una cirugía de catarata, lo que la llevó a profundizar aún más en su estudio y tratamiento.

El ojo seco es una enfermedad multifactorial de la película lagrimal. Puede deberse a una disminución en la producción de lágrima o, más comúnmente, a una mala calidad de esta, lo que provoca evaporación excesiva. Los síntomas van desde ardor, dolor, sensación de arenilla, cansancio visual y lagrimeo, hasta visión borrosa. “No es solo molestia. Puede afectar la calidad de vida de forma similar a un dolor crónico. Mucha gente lo normaliza, y no debería”, señaló.

Pero su práctica no se limita a los padecimientos más comunes. En consulta, también ha detectado enfermedades menos frecuentes, como ciertas degeneraciones de la retina. Aunque son casos esporádicos, su detección temprana es clave para referir oportunamente al subespecialista en retina. “Como oftalmólogos podemos sospecharlas y diagnosticarlas. Lo ideal es canalizar al paciente a tiempo”, explica.

En un contexto donde las agendas médicas están cada vez más saturadas, la Dra. Romo defiende algo que considera irrenunciable: la atención humana. “Tenemos un doble reto: más demanda de trabajo, pero sin perder la capacidad de escuchar”, afirma. Para ella, el paciente no llega solo con una enfermedad; llega con emociones, miedo y expectativas. “Eso también se atiende”. La empatía, dice, no solo mejora la experiencia del paciente, sino que es una de las razones por las que las agendas se llenan: las personas buscan sentirse escuchadas y acompañadas.

Hoy, la tecnología juega un papel importante en su práctica. En el ámbito privado, cuenta con equipos de alta precisión para el cálculo de lentes intraoculares y acceso a lentes premium que permiten corregir no solo la visión lejana, sino también el astigmatismo y la visión cercana, elevando significativamente la calidad visual del paciente. Sin embargo, subrayó que la tecnología no sustituye el ojo clínico ni la escucha atenta: los complementó.

Además de su labor médica, Estefanía es mamá de Álvaro, de 11 años, y Juan Carlos, de 6. “Ser mamá me ha hecho más empática y paciente. Entiendo mejor lo que sienten las personas cuando entran al consultorio”, confesó. Esa sensibilidad se refleja en cada consulta, en cada explicación y en cada decisión clínica.

Finalmente, insistió en la importancia de la prevención. Recomienda la primera revisión oftalmológica al mes de vida mediante el tamiz visual neonatal, revisiones en edad preescolar, controles periódicos durante la infancia y, a partir de los 40 años, revisiones anuales para detectar enfermedades como glaucoma, retinopatía diabética o presbicia.

En cada consulta, cirugía y conversación, la Dra. Estefanía Romo reafirma la razón por la que decidió ser doctora desde niña: ayudar a ver mejor, para vivir mejor.

notas recientes