El poder de las palabras de Mariano Sigman

“Las palabras que usamos para describir cómo nos sentimos tienen, en sí mismas, el poder de influir en nuestro estado de ánimo, de volverse profecías autocumplidas”

Aunque a simple vista parecen inocentes, las palabras tienen el poder de moldear nuestro mundo. Desde el momento en que adquirimos conciencia, construimos narrativas sobre quiénes somos y las razones detrás de nuestras decisiones. Además, las categorías que asignamos a las cosas nos ayudan a desenvolvernos en el entorno y darle un orden a nuestros pensamientos. Solemos pensar que estas categorías son definitivas, sin embargo, van transformándose y adaptándose de acuerdo con las nuevas necesidades de cada sociedad. Así, adquirimos nuevos conceptos o dejamos atrás aquellos que consideramos obsoletos.

En un viaje introspectivo, Mariano Sigman descubre la gran influencia que han tenido las palabras en la construcción de su propia identidad y decide, a partir de ese momento, realizar una investigación acerca del tema, la cual culmina con la publicación de su libro El poder de las palabras. Basado en datos y experimentos científicos, el autor demuestra que la mente es muy maleable y que es posible cambiar aquellas ideas o pensamientos que no nos permiten avanzar en ciertas áreas de nuestra vida.

El sesgo

Nuestra comprensión del mundo es limitada, lo que nos lleva a simplificar problemas complejos y, por lo tanto, a cometer errores. Sigman subraya dos conceptos clave para entender los sesgos de información: la falibilidad, la posibilidad de razonar incorrectamente, y la reflexividad, la tendencia a creer lo que afirmamos, donde el lenguaje moldea la realidad que describe. Un ejemplo ilustrativo son las emociones: al reducirlas a etiquetas como “tristeza”, “enojo” o “frustración”, corremos el riesgo de simplificar su complejidad y confundirlas, creando así una realidad interna a partir de la palabra. Es por esta razón que Sigman se refiere al lenguaje como un arma de doble filo: “Por un lado, su capacidad de combinar palabras le da una precisión potencialmente infinita. Sin embargo, en la práctica ese recurso nunca se utiliza. Y, por lo tanto, terminamos comunicando de forma muy rudimentaria lo que queremos expresar”.

El poder de la conversación

Una solución al problema de los sesgos de información, según el autor, es aprender a conversar, pues en el diálogo se visibilizan los fallos en el razonamiento. Sin embargo, no basta con el simple intercambio de puntos de vista, sino que hay determinadas condiciones que deben cumplirse para que la comunicación sea efectiva:

  1. La conversación debe desarrollarse en grupos pequeños.
  2. Todos los involucrados expresan sus ideas, pero también escuchan las de los demás.
  3. Los participantes deben tener una actitud receptiva, dispuestos a cambiar sus puntos de vista.
  4. No es aconsejable llevar a cabo una discusión en redes sociales, ya que estas tienden a la polarización y a la radicalización de las posturas.

Una conversación efectiva tiene grandes beneficios:

  1. Revisión de las creencias personales y colectivas.
  2. Detección de sesgos y prejuicios.
  3. Mejor toma de decisiones.
  4. Desarrollo de consensos.
  5. Sabiduría colectiva.

El poder de las palabras como regulación emocional

Sigman sugiere cuatros expresiones para regular nuestra vida emocional: la distracción, la inducción, la resignificación y la compasión.

Distracción:

Suele ser la más intuitiva. Cuando una emoción negativa se apodera de nosotros, lo más sencillo es buscar algo que nos mantenga ocupados. Este método puede ser efectivo a corto plazo, sin embargo, puede ser adictivo y es una gran fuente de estrés, pues la emoción no desaparece, se reprime y, por lo tanto, se acumula.

Inducción:

Es posible inducir una emoción a través de una imagen o un recuerdo alegre, un gesto (como una sonrisa) o una postura corporal. Este procedimiento puede ser util en momentos puntales para lograr concentración, despejar la mente o relajarse. Sin embargo, es importante reconocer que el efecto de esta expresión puede ser muy efímero y no funciona a largo plazo.

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Resignificación:

Se trata de uno de los mecanismos de regulación emocional más poderosos, ya que no intenta sofocar la emoción, sino que utiliza su energía para canalizarla en otro sentido. Así, el miedo puede convertirse en entusiasmo o la tristeza puede ser nostalgia.

Compasión:

A veces somos más duros con las personas que más queremos, incluidos nosotros mismos. Cuando cometemos un error, nos juzgamos con severidad y construimos relatos que distorsionan nuestra imagen personal: “no sirvo para esto”, “no soy lo suficientemente bueno”, “soy muy tonto”, en lugar de preocuparnos por nuestro bienestar, como lo haríamos con otras personas. Sigman explica que mientras mayor distancia afectiva tenemos con la situación, somos más compasivos. Ser demasiado críticos no ayuda en nada, sino al contrario, puede resultar contraproducente. Lo ideal es tomar una postura objetiva, neutral y que nuestra reacción no sea desproporcionada.

Daniel Malaquías

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