Energía: el desafío silencioso del nearshoring en México

Por Carlos C. Figueroa

El crecimiento de la actividad industrial en México ha puesto sobre la mesa un factor que durante años se dio prácticamente por sentado: contar con energía suficiente para operar. Hoy, ante nuevas inversiones y mayores necesidades de producción, la capacidad eléctrica comienza a ocupar un lugar cada vez más importante en las decisiones empresariales.

La disponibilidad, confiabilidad y gestión de la energía se ha convertido así en uno de los desafíos menos visibles del nearshoring. Para una empresa manufacturera ya no basta con encontrar talento, ubicación e infraestructura industrial; garantizar el suministro eléctrico necesario para operar y crecer puede ser igualmente determinante.

Cuando la electricidad se vuelve estratégica

Durante décadas, la energía eléctrica fue considerada principalmente un gasto operativo: llegaba a la planta, se pagaba y la atención se concentraba en producir.

Ese paradigma cambió.

Hoy, la energía influye directamente en la competitividad, la continuidad de las operaciones y las posibilidades de expansión de una empresa. El desafío cobra especial relevancia en México, donde la manufactura representa uno de los principales motores de la economía y una parte importante del empleo.

El crecimiento de la actividad industrial, además, aumenta la presión sobre una infraestructura eléctrica que enfrenta limitaciones en distintas regiones del país. La saturación de algunos puntos de la red y las dificultades para concretar nuevas interconexiones pueden convertirse en obstáculos para proyectos industriales.

Esto plantea un escenario complejo: una empresa puede contar con inversión, instalaciones y mercado, pero enfrentar retrasos para comenzar operaciones si no dispone de la capacidad energética necesaria.

El problema, por lo tanto, trasciende lo técnico. La energía puede influir en dónde se instala una empresa, cuánto puede crecer e incluso en la viabilidad de una inversión.

El verdadero costo de una interrupción

La conversación tampoco se limita al precio de la electricidad.

En una operación industrial, una interrupción puede detener líneas de producción, afectar materias primas, retrasar entregas y generar incumplimientos con clientes. En sectores altamente automatizados, incluso una variación en la calidad del suministro puede provocar afectaciones importantes.

Por ello, la confiabilidad energética se está convirtiendo en una variable de negocio.

Esto obliga a las empresas a preguntarse no solamente cuánto pagan por electricidad, sino qué tan vulnerable es su operación ante una interrupción y qué alternativas tienen para reducir ese riesgo.

Nuevas exigencias para competir

A esta presión se suma otro cambio: las exigencias ambientales de las cadenas globales de suministro.

Cada vez más corporativos buscan conocer el origen de la energía utilizada por sus proveedores y reducir la huella de carbono asociada con sus productos. Conceptos como ESG, Net Zero, trazabilidad energética y certificaciones ambientales han comenzado a incorporarse en los procesos de evaluación de distintas industrias.

Para las empresas mexicanas, esto significa que producir con calidad y a costos competitivos puede dejar de ser suficiente. También será necesario demostrar cómo se produce y bajo qué estándares energéticos y ambientales.

La sostenibilidad deja así de ser únicamente una cuestión de reputación para convertirse, gradualmente, en un requisito de acceso a determinados mercados y cadenas de proveeduría.

Consumir mejor, no solamente menos

Frente a este escenario, la eficiencia energética adquiere una dimensión distinta.

Ahorrar energía no necesariamente significa reducir la producción, sino utilizar los recursos de manera más inteligente. Analizar horarios de consumo, demanda máxima, factor de potencia y comportamiento de los equipos permite detectar ineficiencias que pueden representar costos innecesarios.

A partir de ese diagnóstico, existen distintas alternativas: generación distribuida, almacenamiento mediante baterías, cogeneración, modernización de infraestructura y sistemas de monitoreo capaces de proporcionar información en tiempo real.

No todas las soluciones funcionan para todas las empresas. Una planta con procesos continuos tiene necesidades distintas a una operación con horarios variables. Por ello, antes de invertir en tecnología resulta fundamental conocer el perfil energético de cada organización y evaluar tanto el beneficio técnico como el retorno financiero.

El cambio de fondo consiste en dejar de entender la electricidad como un servicio que simplemente se consume y comenzar a administrarla como cualquier otro recurso estratégico de la empresa.

Energía para la siguiente etapa industrial

El nearshoring continúa representando una oportunidad importante para México, pero aprovecharlo requerirá algo más que parques industriales, ubicación geográfica y capacidad manufacturera.

Será necesario fortalecer la infraestructura eléctrica y, al mismo tiempo, que las propias empresas desarrollen estrategias para hacer sus operaciones más eficientes, confiables y sostenibles.

En este proceso también participan firmas especializadas en gestión energética, como TIZRA Energy Management y otras empresas del sector, que desarrollan soluciones de generación, almacenamiento, infraestructura, eficiencia y cumplimiento ambiental para operaciones industriales.

La discusión, sin embargo, va mucho más allá de una tecnología o proveedor específico. Lo que está en juego es la capacidad de México para sostener una nueva etapa de crecimiento industrial.

Porque atraer una planta es solamente el primer paso. El verdadero desafío será contar con la energía necesaria para mantenerla operando, permitirle crecer y competir durante los próximos años.

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