México no se explica en singular

Por Abril Aurora García

Cada septiembre volvemos a preguntarnos qué significa ser mexicanos.

La pregunta parece sencilla hasta que uno mira el país con detenimiento, un país donde conviven decenas de lenguas originarias, cocinas que cambian por completo de una región a otra y ciudades fronterizas que han aprendido a habitar dos culturas al mismo tiempo sin dejar de reconocerse como propias.

Durante mucho tiempo entendimos la identidad como algo uniforme, como si pertenecer implicara parecerse. Sin embargo, México ha funcionado históricamente de otra manera. Su fortaleza no ha estado en la homogeneidad, sino en la capacidad de integrar tradiciones, migraciones e influencias distintas sin perder códigos compartidos.

La familia, por ejemplo, sigue siendo un espacio de encuentro. La comida continúa funcionando como una forma de memoria colectiva. Las celebraciones conservan un sentido comunitario que difícilmente puede separarse de la vida cotidiana. Cambian los acentos, las recetas y las costumbres, pero permanece una manera particular de entender la cercanía, la hospitalidad y la pertenencia, algo muy mexicano.

En la frontera, esa convivencia resulta todavía más evidente. El inglés y el español se mezclan con naturalidad, las familias construyen rutinas entre dos países y las nuevas generaciones crecen consumiendo referentes culturales diversos. Lejos de borrar la identidad, esa experiencia suele volverla más consciente. Uno termina preguntándose qué tradiciones decide conservar, qué historias quiere heredar y qué elementos considera imprescindibles de su propia cultura.

La multiculturalidad no tiene por qué entenderse como una amenaza para la identidad. En muchos sentidos, la fortalece. Obliga a reconocer aquello que nos une más allá de las diferencias regionales o de las influencias externas. Nos recuerda que pertenecer no significa ser idénticos, sino compartir una historia común mientras cada comunidad conserva sus propios matices.

En una época donde la diferencia suele interpretarse como división, vale la pena recordar que la identidad también puede construirse desde la pluralidad. México no existe a pesar de su diversidad cultural, sino a través de ella.

Y si existe una expresión capaz de reunir historia, memoria y tradición en México, probablemente sea la comida.

Cada septiembre no solo regresan las fiestas patrias, también vuelven el pozole de la abuela, el menudo del domingo, las enchiladas para compartir y, por supuesto, la temporada de chiles en nogada. Porque, al final, la cocina mexicana no es únicamente una colección de recetas, sino una forma de preservar afectos, costumbres y maneras de encontrarnos alrededor de la mesa.

Para eso te dejo el must de hoy

Rocco #HonestFood es uno de nuestros favoritos para disfrutar este clásico de temporada. La preparación artesanal y el respeto por los ingredientes hacen que el chile en nogada se sienta como lo que realmente es: una tradición que vale la pena repetir año con año.

Vibómetro: ★★★★☆

Carómetro: $$–$$$

Noise: Perfecto en familia. Gracias Rocco por existir. Para más recomendaciones con criterio, encuéntrame en IG: @abril.aurora

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