Director y escritor de la película Lepes:
Primer largometraje 100% juarense
En una industria donde muchas historias buscan universalidad desde grandes centros de producción, hay narrativas que logran exactamente lo contrario: partir de lo local para volverse profundamente universales.
Rayell Abad Guangorena pertenece a esa generación de creadores que no intentan escapar de su origen, sino que lo convierten en lenguaje. Su trabajo no solo se construye desde la técnica, sino desde una sensibilidad marcada por la frontera.
Originario de Ciudad Juárez, su formación inició en la música. Como baterista becado en la Universidad de Texas en El Paso (UTEP), desarrolló una relación intuitiva con el ritmo y la estructura. Pero fue en el sonido —más que en la imagen— donde encontró su verdadera herramienta narrativa. Antes de dirigir, aprendió a escuchar. Y esa diferencia es clave.
Desde Home + Away hasta Cassandro:
el recorrido que lo llevó de la producción al circuito internacional
Su paso por la Ciudad de México y su posterior regreso a Juárez no fue solo geográfico, fue narrativo. Aquí comenzó a vincular su trabajo con historias reales, particularmente aquellas que giran alrededor de la migración, un tema que en esta región no es discurso: es contexto diario.
Participó en proyectos como Home + Away (2018), del nominado al Óscar Matthew Ogens, presentado en el Festival de Cine de Tribeca, así como Ready for War (2019), estrenado en el Festival Internacional de Cine de Toronto. Su trabajo lo ha llevado además a formar parte de circuitos clave del cine contemporáneo como la Berlinale, San Sebastián, Biarritz, Morelia y AFI Fest.
Más recientemente, ha participado en producciones como Cassandro (2023), donde destaca su trabajo como mezclador de sonido, y Olmo (2025), consolidando una trayectoria que no solo cruza fronteras, sino que dialoga con los estándares de la industria global.
Pero más allá de los festivales y las producciones, lo que realmente marcó su evolución fue la perspectiva: entender que las historias que nacen en la frontera no necesitan traducirse para ser relevantes; necesitan ser contadas con honestidad.
Cuando la ficción no es evasión, sino profundidad
Después de años inmerso en el documental, Rayell decidió moverse hacia la ficción. No como escape, sino como una forma más compleja de decir la verdad: no solo registrar la realidad, sino reinterpretarla.
En paralelo, su presencia en la industria continuaba expandiéndose con su participación en producciones como Eddington (2025), Dead Letters (2025) y Shepherd (2025), formando un perfil cada vez más sólido dentro del panorama cinematográfico global.
Es en esa transición donde nace Entre Mudos y Estatuas (2022), un cortometraje desarrollado en plena pandemia y ambientado en 1939, que aborda la historia de refugiados que huían del régimen nazi. El proyecto mantiene una sensibilidad profundamente ligada a los temas que han marcado su trayectoria: el desplazamiento, la memoria y la identidad.
La pieza fue reconocida en el Festival de Cine Judío de Punta del Este y seleccionada en Shorts México, confirmando que este giro hacia la ficción no era un cambio de rumbo, sino una evolución natural en su lenguaje como narrador.
Lepes: infancia, ausencia y frontera
Más que una película, Lepes (2025) es una interpretación emocional de crecer en un entorno donde la ausencia —física o emocional— forma parte del paisaje.
La Ópera prima de Rayell Abad Guangorena, Lepes, marca el punto más íntimo y ambicioso de su carrera. Escrita durante sus viajes por festivales, la película nace tanto de una necesidad creativa como de un momento decisivo en su trayectoria, abriéndole paso a una visa de artista, un logro particularmente complejo dentro de la industria.
Filmada en Ciudad Juárez con talento 100% local, Lepes trasciende como proyecto cinematográfico para convertirse en un retrato emocional de la infancia en la frontera.
La historia de Pedro, interpretado por André Montaño, no se construye desde el drama evidente, sino desde lo cotidiano: la espera, el silencio, la adaptación. La ausencia de su madre —marcada por las exigencias laborales— se convierte en el punto de partida de un universo sensible donde la soledad evoluciona hacia descubrimiento, elementos que, en ciudades como Juárez, no son excepcionales, sino estructurales.
El acierto de Rayell no está en exagerar la realidad, sino en contenerla, y es ahí donde la película encuentra su fuerza.
La funeraria, lejos de ser un símbolo oscuro, se transforma en un espacio de aprendizaje. Ahí, Pedro entabla una relación entrañable con Samo (Ricardo Aguirre), un embalsamador que funge como guía, mentor y figura afectiva. Desde ese vínculo, la narrativa explora temas como el duelo, la resiliencia, el primer amor y la necesidad de pertenencia, todo envuelto en una atmósfera sonora cuidadosamente diseñada que refuerza la carga emocional de cada escena.
Cine hecho desde aquí (y eso cambia todo)
En un momento donde gran parte de la producción cinematográfica depende de estructuras centralizadas, Lepes apuesta por algo distinto: producción local con estándares globales.
Filmada completamente en Ciudad Juárez, con talento de la región y respaldada por estímulos como EKA Chihuahua, FOCINE e incluso la Austin Film Society, la película no solo cuenta una historia fronteriza: es resultado de una industria que comienza a consolidarse desde la frontera.
La filmación se realizó en 17 días, con seis jornadas adicionales de reshoots que se llevaron a cabo meses después, afinando el resultado final. Todo el equipo creativo estuvo conformado por talento juarense, y el proyecto contó además con la participación de los creadores de Leyendas Legendarias: José Antonio Badía, Eduardo Espinosa y Mario López Capistrán, ampliando su alcance a nivel nacional.
Su recorrido en festivales confirma su relevancia: se estrenó en el Festival Internacional de Cine de Guanajuato (GIFF), donde obtuvo el Premio de la Prensa, y ha formado parte de selecciones como SANFICI en Colombia. Además, se integra al catálogo Cinema México y fue impulsada por la Embajada de México en India como parte de su estrategia de diplomacia cultural, llevándola a festivales en Calcuta y Nueva Delhi.
Con Lepes, Rayell no solo debuta como director de largometraje: construye una obra que honra sus raíces y redefine la manera en que se cuenta la vida en la frontera.


















